No le ofrezcas un sermón…

Persona Orando

Hace poco leí una frase que decía: “No le des un sermón a una persona que necesita un abrazo”. Esta frase me hizo reflexionar porque tiene mucha razón. A pesar de haber sido escrita con un propósito secular, también tiene un profundo significado en el cristianismo.

A menudo, las personas que se acercan por primera vez a la iglesia no necesitan, una conferencia o un sermón sobre sus errores o faltas, sino un abrazo, un momento de consuelo y comprensión, un espacio donde se sientan escuchadas y valoradas.

Es cierto que, como cristianos, debemos agradar a Dios y seguir sus enseñanzas. Sin embargo, cuando una persona acepta a Dios, ya ha permitido la entrada del Espíritu Santo en su vida. Así que el Todopoderoso obrará en ella y la guiará por el camino correcto. 

No debemos olvidar que nuestro deber principal es proclamar el evangelio, amar y servir a los demás, y edificar a los creyentes. La Real Academia Española define el verbo ‘edificar’ como “inspirar en alguien valores religiosos o morales, como la piedad o la virtud, a través del ejemplo o la palabra”. Nuestro papel es enseñar e inspirar, pero solo Dios tiene el poder de transformar el corazón de las personas.

Como hermanos en Cristo, estamos llamados a orar fervientemente por los demás y a guiarlos con amor y comprensión. Dios es quien inicia la transformación en cada persona, pero esto solo sucede cuando esa persona abre su corazón y permite que Cristo entre en su vida.

El Señor dice:
«Yo te instruiré,
yo te mostraré el camino que debes seguir;
yo te daré consejos y velaré por ti.»

Salmo 32:8

Por eso, anímense y edifíquense unos a otros, tal como lo vienen haciendo.

1 Tesalonicenses 5:11

Que habite en ustedes la palabra de Cristo con toda su riqueza: instrúyanse y aconséjense unos a otros con toda sabiduría; canten salmos, himnos y canciones espirituales a Dios, con gratitud de corazón.

Colosenses 3:16

Hijo mío, no desprecies la disciplina del Señor,
ni te ofendas por sus reprensiones.
Porque el Señor disciplina a los que ama,
como corrige un padre a su hijo querido.

Proverbios 3:11-12

Yo te guío por el camino de la sabiduría,
te dirijo por sendas de rectitud.

Proverbios 4:11

Bueno y justo es el Señor;
por eso les muestra a los pecadores el camino.
Él dirige en la justicia a los humildes,
y les enseña su camino.

Salmo 25:8-9

Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo.

Mateo 28:19-20

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